EL ÚLTIMO TIMBRE

Enviado por juan carlos marrero bécquer el 08/10/2010 a las 11:00 PM
juan carlos marrero bécquer

               

 

Un leve airecillo inunda el patio y esboza una espiral de polvo que los niños inhalan inconscientes en el colegio. Hoy todo es más blanco y no precisamente cae nieve sino polen de los árboles que digerimos como alimento necesario, es típico en esta temporada  del año. El profesor comparte la idea que sólo los niños podrán cambiar la historia en esta comuna, aún la contaminación humana no ha penetrado con fuerza en sus corazones.

Agoniza el paisaje, lo eterno parece el fin del universo, todo es hastío mientras respiro el hálito de los niños que con su risa intentan borrar la realidad que los persigue. En una lúgubre casa ondea una bandera carcomida por el azufre del tiempo, detalle olvidado por los patriotas del barrio; se respira olor a pólvora, se escucha reggetón, el lamento de los perros vagos.

Nada atemoriza a la ingenuidad, al deseo de vivir, al borracho de la esquina. El sonido del avión causa una esperanza, tiene sus ventajas después de todo vivir cerca del aeropuerto aunque los sueños sean abstractos e inauditos, nunca es tarde y jamás la muerte ha tenido más sabor que el agua.

Casi termina la jornada, los niños juegan sobre el subsuelo, rebotan como marionetas deshechas, es la felicidad que se desborda en cada gol, es lo que tal vez valga la pena resucitar.

Las voces tenues: tío, tío y el beso del final que augura un nuevo encuentro.

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